Por la noche, Diana no dejaba de dar vueltas en la cama, incapaz de conciliar el sueño.
Cada vez que cerraba los ojos, las imágenes de su día con Valentín llenaban por completo su mente, y su voz resonaba de manera constante en sus oídos.
Tuvo que admitirlo: ese hombre tenía un encanto innegable.
A la mañana siguiente, Diana muy temprano empacó sus pocas pertenencias y se mudó a su nuevo hogar.
—Gracias, aquí está bien.
Después de despedir a los trabajadores que la habían ayudado a mudarse, cerr