Al llegar el mediodía, Diana regresó directamente al hotel.
Apenas había entrado a su habitación cuando recibió al instante una llamada de Paola.
—Diana, ya estoy en casa, no te preocupes por mí. El señor Valentín me dejó justo en la puerta.
Paola hablaba como si nada hubiera pasado, lo cual enfureció demasiado a Diana, quien respondió con tono sarcástico:
—¿Preocuparme? ¿Y por qué lo haría? Si te subiste a su coche tan fácilmente, ¿por qué no lo invitaste a quedarse a comer también?
—¡Claro que