—Buenos días a los dos —saludó Lorna al llegar a la oficina.
—Buen día —respondieron Clarisse y Galen.
—Les traje panecillos, disfruten —dijo al dejar la bolsa de papel sobre el escritorio del rubio.
Ellos intercambiaron miradas y luego se fijaron en la pelirroja que lucía más feliz de lo habitual. Lo cual era particularmente extraño porque todas las mañanas ella iniciaba peleando con el rubio por cualquier razón.
—¿Te sientes bien? —le preguntó su amiga.
—Por supuesto, ¿por qué?
—Es que luces…