Para cuando regresaron a la propiedad Oversax, el dueño se sorprendió al escuchar risas desde la sala de estar. Hasta donde sabía sólo estaban Liza y Clarisse, por lo que escuchar más de un tono desde el interior de su casa le tomó con la guardia baja. Caminó cuidadosamente y comenzó a reconocer a las voces, por lo que su sorpresa se transformó en preocupación.
—¿De verdad hizo eso? ¡Que vergüenza! —expresó Patrice, entre risas.
—¡Era un adolescente, hacía muchas estupideces! —se excusó Jeremy,