—Aún no me has dicho a donde vamos —se quejó Clarisse.
Soren apartó los ojos del camino para darle una mirada cargada de diversión pura. Disfrutaba cómo su novia moría de la curiosidad por lo que él tenía preparado. Ni siquiera se molestó en responder, así que regresó su atención a su tarea de conducir.
—¿En verdad no me vas a decir nada? —no dijo nada—. ¿Al menos me dirás si ya vamos a llegar?
—Sólo unos cuantos minutos —habló, finalmente.
—Oh, así que sí puedes hablar. Creí que habías perdido