El castillo de Velghary estaba sumido en un silencio inquietante, roto únicamente por el persistente golpeteo de la lluvia contra las ventanas. La familia real dormía, ajena al peligro que se gestaba en las sombras. Arlette caminaba con paso firme y calculado por los pasillos de piedra, sosteniendo en sus manos una llave que una criada robó del escritorio de Brion, era una fortuna que aún tuviese gente que le era leal.
Todo estaba planificado.
Debió fingir que se marchaba del castillo a regañad