Agus bloqueó la espada del príncipe y con una patada lo empujó contra una columna cubierta de rosas. No perdió el tiempo y arremetió con una serie de golpes, para finalizar barriendo los pies de su oponente, Macon cayó con un ruido sordo y rodó por el suelo para evitar un pisotón en la cara. Se levantó de un salto y tacleó al duque hasta estamparlo contra un muro.
—Debo decir que me sorprende lo bien que peleas —dijo Macon, su brazo presionando el pecho de Agus—. Demasiado viniendo de ti, asque