Serena sabía que su tiempo estaba contado, no le quedaba mucho tiempo, así que debía prepararse al menos para caer peleando. Era claro que su madre le daría un gran castigo por haber fallado en la misión, por lo que debía actuar antes de que la acorralen en aquella mansión alejada de la ciudad.
Unos toques suaves en la puerta llamaron su atención.
―Princesa, ¿está lista? ―preguntó Otto.
La chica de ojos verde esmeralda guardó sus armas, una pistola pequeña debajo de la falda y un par de cuchill