El hombre de cuna noble dejó un beso en la frente de su hijo, le acomodó el cabello y sonrió. Luego imitó la misma acción con su hija menor y dejó que se los llevaran a dar un baño a manos de las nanas reales. Se dio la vuelta y abrió la puerta para salir y se encontró de cara a cara con su suegra, la princesa Verona.
―Ottis, ¿saldrás a algún lado? ―inclinó la cabeza a un lado y alzó una ceja mientras sonreía.
Nadie creería que esa mujer podía asesinar a alguien a sangre fría o que estrangulaba