―¡Pat! ―Galen corrió hacia el hombre que traía en brazos a su hijo y lo abrazó―. ¡Casi muero de un susto! ¡¿Dónde estabas?! ¡¿Estás bien?! ¡¿Te lastimaste?! ¡No tienes idea del horrible susto que me diste, niño! ¡Sentí que no podía respirar! ¡¿Estás bien?!
―Sí, papi. Estoy bien…
―¡Cielo santo! ¡¿Cómo se te ocurre hacer eso?! ¡¿Por qué saliste corriendo así?!
―Perdón, papi… ―el niño frotó su cara contra el cuello de su padre mientras sus pequeñas manitas se aferraban a su ropa.
―Él está bien ―pr