CAPÍTULO 368
Su mano temblaba a sólo un centímetro de rozar el picaporte, su corazón parecía que iba a saltar de su pecho y dejar su cuerpo tendido en el suelo. El oxígeno entraba y salí a una gran velocidad y por ello sus pulmones no podían procesarlo cómo era debido.

¿De cual otra forma podría reaccionar después de ver a su mejor amigo al borde de la muerte?

Era su culpa.

No importaba cuanto Liza haya intentando hacerle creer lo contrario, fue él quien trajo a sus amigos a ese lugar lleno de serpientes.
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