Su mano temblaba a sólo un centímetro de rozar el picaporte, su corazón parecía que iba a saltar de su pecho y dejar su cuerpo tendido en el suelo. El oxígeno entraba y salí a una gran velocidad y por ello sus pulmones no podían procesarlo cómo era debido.
¿De cual otra forma podría reaccionar después de ver a su mejor amigo al borde de la muerte?
Era su culpa.
No importaba cuanto Liza haya intentando hacerle creer lo contrario, fue él quien trajo a sus amigos a ese lugar lleno de serpientes.