Amaba la noche.
Estar vagando por los enormes corredores del palacio a altas horas era más que suficiente para olvidarse un rato de tantas molestias. No había ruido y todo estaba vació, bueno, medianamente vacío porque aún estaban los guardias haciendo sus rondas. Sin embargo, era cómo si no estuvieran, en especial en aquella área cerrada hace muchos años.
Brion no recordaba exactamente cuando fue que encontró ese lugar y mucho menos cómo, pero se había convertido en su sitió seguro durante un