Sus cuerpos se movían por si solos, cualquier pensamiento racional que pudiese tener no era para nada bienvenido en aquel momento en el que se comían ansiosamente uno al otro. No podían parar ante aquello que se apoderó de ellos desde el instante que se vieron en la calle. Antes de que siquiera pudiese notarlo ya estaba en el apartamento de la pelinegra en una lucha de besos y caricias.
Brion literalmente le arrancó la blusa a la chica, destrozándose con sus manos, y sus labios descendieron por