Cualquier otro ruido, cualquier otra persona, el fuego del vehículo volcado e incluso el miedo que sentía fueron opacados por algo más. Su sangre hervía, sus manos ce cerraron en puños que apretó con fuerza y lo miró con odio.
Hace años que no lo veía en persona, no imaginó que volvería a verlo de nuevo, pero a pesar del tiempo ese sentimiento de ira en su estado más puro salió a la superficie.
¿Cómo es que estaba en Seattle?
Sin darse cuenta su enojo empezaba a extenderse hacia su novio.
Por m