—¿Hace cuánto? —Soren preguntó con los brazos cruzados sobre el pecho y una expresión seria.
—Al menos deberías saludar, ¿no crees? —mencionó Dalia con molestia y la mirada fulminante de su hermano la hizo reconsiderar sus palabras—. Llegaron anoche y no tenía ni la más mínima idea de que vendrían. De hecho, estaba segura de que no los volvería a ver hasta que fuera la coronación.
—¿Qué buscan en Seattle?
—Dicen que vinieron para representar a la familia, pero logré convencerlos de que no hicie