En el gran comedor simplemente se escuchaba el ruido que hacían los cubiertos al tocar el plato. Daliah tenía su atención sobre sus invitados inesperados, ni siquiera durmió en toda la noche para poder vigilarlos. Temía que la hubieran descubierto y fuese enviados para matarla cuando se descuidara por intentar abandonar la realeza.
—Luces tensa, prima —habló Serena con una taza de café entre sus finas manos—. ¿Dormiste bien anoche?
La chica que estaba a la cabeza de la mesa se limpió los labios