El Tío Alpha de mi Amiga
El Tío Alpha de mi Amiga
Por: Viviana
1. Mi amiga Nina

Oregón-Portland.

—Buenos noches, Isabel—la castaña voltea para ver a su mejor amiga Nina, la joven le sonríe risueña mientras que se aproxima al mostrador.

—¡Nina! ¿Qué haces a esta hora aquí?

—Estaba aburrida en casa y me escape un rato para venir a por uno de los postes de esta tienda.

—¡¿Te escapaste?! —pregunta incrédula abriendo los ojos.

Nina sonríe divertida mientras que ve la exhibición de postres, sus ojos brillan con intensidad al no saber cuál elegir.

—Nina…

—Vale, vale, no es que me haya escapado de verdad, solo que me salí de casa. Eso es todo.

 Isabel no comprendía de qué manera vivía su amiga, era como si su casa fuese una prisión. Siempre le decía que tenía que estar fugándose para poder tener un poco de libertad. Pero no entendía porque lo hacía.

Sabía que los padres de ella habían fallecido hace años, y que vivía en casa bajo el cuido de la servidumbre y de un allegado a su familia que la visita con constancia. Pero era todo lo que sabía de ella.

Realmente era muy extraño. 

—¿No te meterás en problemas por haberte escapado?

—Por supuesto que no, no seas tonta Isabel—la pelinegra sonríe mientras que niega —. Dame de esos tres que están allí.

Isabel obedece y le sirve los postes para llevar, mira a su amiga y le sonríe.

—Deberías de venir a casa uno de estos días.

—¡No lo sé!

—¿Por qué no?

—tengo mucho trabajo aquí en la tienda.

—Si, entiendo. Pienso que trabajas mucho.

La castaña se queda callada, debía que trabajar, ella no tenía el privilegio de su amiga que podía vivir tranquila sin tener que trabajar a diario. A cambio de ella, estaba sola sin la ayuda de ningún familiar.

—Quizás luego.

—Está bien, pero tiene que ser pronto antes de luna llena —Isabel frunce el ceño ante aquella respuesta.

—¿de qué hablas? ¿Por qué antes de luna llena? —la pelinegra afina la mirada.

—No es nada. Adiós, ya debo irme.

Isabel la ve alejarse y se queda desconcertada por sus palabras, Nina había llegado a Portland hace como dos años, empezó a frecuentar el café donde ella trabajaba y desde entonces se hicieron buenas amigas.

Ella le había contado poco de su familia, parecía reservada y misteriosa, Nina venia de Boston, Isabel no se imaginó el cambio tan grande que tuvo que sufrir la pobre, de vivir en la ciudad a pasar a residenciarse en un pueblo.

—¿Vas a trabajar o a pensar? —la castaña da un respingo al escuchar la voz de su odioso jefe, ella lo mira de reojo y pilla la intensa mirada de sus ojos, la joven pone los ojos en blanco y se acerca a atender a otros clientes.

[…]

Nina camina por la carretera que la lleva a casa, mientras iba comiendo de uno de sus postres y pensando en su amiga, en la única amiga que tenía en ese pueblo. De la nada la joven siente unos pasos muy cerca de ella que la hacen detenerse.

Mira por encima de su hombro y aspira profundamente, olía a frio, hielo, agua, tierra húmeda y a algo más…

—No te han dicho que no debes salir sola por las noches —su corazón empieza a latir con fuerza, pero mantiene su postura erguida.

—¿Y eso a ti que puede importarte? 

—Me pregunto qué dirá él cuando se entere que te he encontrado sola caminando a casa, y me parece que estas muy lejos.

Nina mira el camino y sabe que aún le faltaba mucho para llegar a casa, frunce un poco el ceño al sentir esa presencia aún más cerca.

—Sera mejor que dejes de molestarme, ya me tienes harta con tus acosos y persecuciones. Siempre terminas perdiendo.

—No veo a nadie que este protegiendo tu espalda.

La joven se tensa al sentir esa presencia muy cerca de ella, mira sus postres y siente pena ya que no los iba a poder degustar como deseaba.

—¿Por qué no te resignas de una vez? Ya estas a una buena edad para hacerlo.

—¡Ni que estuviera loca! —responde mirando de lado y con ello puede ver la presencia de aquella persona.

—¿Me tienes miedo?

La pelinegra tensa la mandíbula al sentir la respiración de ese sujeto contra su nuca, tenía que quitárselo de encima de una vez por todas, era una verdadera molestia.

—No te daré el poder que deseas, Leandro.

—¿No?

—Eres un simple, omega, no eres merecedor de tanto poder, no tienes la fuerza para ser un líder y los sabes bien.

En eso Nina siente como él la sujeta por la cintura acercando su cuerpo al de él, su respiración se hace presente en su nuca y eso le pone los vellos de punta.

—¿Qué sabes tú de lo que puedo merecer yo? No me subestimes, Nina.

—Y tú tampoco a mí.

Ella lo golpea con el codo en el estómago y consigue alejarlo de su persona, la pelinegra sale corriendo hacia el bosque mientras que de sus labios brota un espeso humo blanco. Sigue corriendo y sabe que Leandro la persigue.

Se detiene detrás de un enorme tronco de árbol para coger un poco de aire, aun con los dulces en la mano la joven empieza a calmar su respiración y concentrarse en su entorno, oye con detenimiento y puede oír los pasos de ese sujeto muy cerca.

Traga saliva y mira en dirección a casa, tenía que llegar, sabía que Leandro no se adentraba en esas tierras.

Corre en esa dirección y de la nada se topa con él que la obliga a detenerse en seco, lo ve sonreír con malicia y ella frunce el ceño.

—No me voy a convertir en tu esposa, y mucho menor permitiré que encajes tus colmillos en mi cuerpo.

 —Sera un dolor muy rápido, te lo prometo.

—Muérete.

—No es la respuesta que esperaba que dijeras, pequeña.

Nina sabe que no tenía más remedio, aunque fuese tan solo una cachorra de lobo tenía que defenderse o ese sujeto iba a conseguir marcarla y no pensaba convertirse en la mujer de un miserable omega traicionero.

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