JULIETTA.
Nos encontrábamos sentados los dos en el jardín de la casa, ninguno de los dos decía nada. Pero el ambiente se sentía cargado. Pero no de mala forma, era una energía de atracción. Sentía la necesidad de volarle encima, era un deseo de besarlo que no aguantaba, no entendía que era lo que estaba pasando conmigo.
Christiano me miraba de forma seductora, y en sus ojos podía observar que le pasaba lo mismo que a mí.
No aguante más. Me levante y le di la espalda.
¿Julietta?—me llamo. Me