Capitulo 30

HIAN

Me dolía todo el puto cuerpo desde que salí de esa maldita celda. Intentaba levantar un poco de viento para estabilizar mis movimientos torpes al caminar, pero era inútil. Estaba débil, demasiado débil.

Y con cada paso que daba al interior del laberinto me ardía la herida de mi hombro. La herida que

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