Capítulo 8.-

Amaia Domínguez García

León, Guanajuato, México

El volvió a abrazarme y me atrajo a sus brazos, nos empezamos a besar lento y despacio, lo que provocó una mayor desesperación entre los dos, yo sentía que me derretía en sus brazos y que mientras me besaba todo el mundo dejaba de girar, para detenerse en ese momento en que sus labios y los míos se dejaban llevar por toda la pasión y el deseo que ese beso encerraba.

Axel, sin pensar, me levantó en sus brazos y me sentó en la mesa del comedor y yo
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