Amaia Domínguez García
León, Guanajuato, México
Nuca había visto a Axel así, tan mal, tan triste, tan deprimido y yo, sentía mucho pesar y tristeza por ello. Estuve con él, sentada en el piso del pasillo del hospital, sin importarme los gérmenes, sin importarme nada. Sólo pasaba por mi mente, el querer estar ahí, para confortar al hombre que amo. Pasamos un rato, tomados de las manos y llorando en silencio, hasta que Lore, nos fue a buscar.
–Axel, Amaia, por favor díganme lo que está pasando co