Valeria Sanroman
Estoy en la habitación principal, limpiando los últimos rincones. El cansancio me pesa, mi vientre parece una esfera a punto de estallar, y mis movimientos son torpes. Solo faltan unas semanas, lo sé, pero no puedo permitirme detenerme. Cada centavo cuenta ahora más que nunca. Me arrodillo para recoger la cubeta, pero el agua resbala por el borde y, en mi intento desesperado por evitar que se derrame, pierdo el equilibrio. Un grito se me escapa justo cuando caigo al suelo con u