Valeria Sanroman
El aire fresco del jardín de la mansión Cooper apenas ayuda a calmar el mareo que me envuelve. Camino despacio entre los setos, alejándome del personal y los demás para que no noten mi malestar. Es la única manera en que puedo mantener mi fachada intacta, pero siento que el suelo bajo mis pies se tambalea. Me apoyo en una columna, cierro los ojos un momento, rogando que se me pase.
Respiro hondo, tratando de concentrarme, pero algo dentro de mí insiste en girar. Abro los ojos