Salimos del club y subimos al auto. Mi respiración está agitada, el enojo me consume. En mi mente, me imagino arrastrando a Jennifer por el suelo, arrancándole esas extensiones baratas que tanto presume.
Cuando llegamos al apartamento de Edward, noto con sorpresa que su madre está allí. Su presencia inesperada sólo añade tensión a mi ya revuelta emoción.
—Te esperaré en la habitación —le digo mientras nos dirigimos hacia la entrada.
—¿Por qué? —responde Edward con una sonrisa pícara—. Dúchat