Leslie contiene la respiración cuando Dorian pasa su lengua caliente y astuta por el lóbulo de su oreja.
—¿Estás bien, pequeña? —murmura y sus ojos se cruzan en un estallido de deseo.
—S–Sí... —Ella no puede evitar querer tocarlo, así que sus manos temblorosas exploran el cuerpo del hombre, desde su abdomen, erizándolo, hasta posarse sobre sus hombros.
Leslie lo admira. Definitivamente es un hombre hermoso. Perfecto. Esa sonrisa que derrite, esa mirada que se clava en ella tan profunda como el