Respira, Adara. No puedes perder el control aquí.
Tienes que aguantar un poco más.
Estábamos en la estación de policía esperando a que me llamaran para tomar mi declaración, cuando Amira irrumpió como una fiera después de visitar a su prometido tras las rejas.
Verla en ese estado me daba mucho miedo, la verdad.
Mierda.
—¡Adara, eres una maldita mentirosa! —me gritó, intentando abalanzarse sobre mí—. ¡August no te hizo nada! ¡Estoy segura de que te le insinuaste! ¡Eres una maldita zorra!
Sin emb