Mundo ficciónIniciar sesión—¿Encontraste algo, Godoy? —la voz de Holden en mi oído me hizo pegar un brinquito por la sorpresa.
—No, nada —respondí con rapidez, alejándome de la vitrina—. Todo está muy bonito... Ya sabes, Holden. Cualquier cosa estará bien. Casi de inmediato, una joven trabajadora y con sonrisa amable se nos acercó. —Ese modelo es el "Real Aurora", de nuestra diseñadora principal. Es una pieza única y el tesoro más apreciado de la diseñadora. —¿Se lo puede probar? —preguntó él directamente, y yo abrí los ojos, llena de pánico. —Holden, no —susurré, pero, como siempre, a él no le importó. —Una disculpa, señor —respondió la mujer, con una sonrisa apenada—. Ese diseño no está disponible para prueba sin una cita previa y un depósito considerable en caso de algún daño. Se trabaja directamente con la diseñadora. Es… exclusivo. —Ya veo —respondió Holden, sin apartar los ojos de mí—. ¿Por qué no lo quieres, Adara? —No es que no lo quiera, es que… es demasiado. Demasiado para una boda falsa. —Demasiado ¿qué? ¿Bonito? —Se acercó a la dependienta y sus ojos verdes se clavaron en ella—. Necesito hablar con la diseñadora. Ahora mismo. —Holden, espera… —¿Qué? Si te gusta, es tuyo, Adara. Es así de simple. —No, no lo es —cerré los ojos, tratando de no perder el control y bajé la voz porque no quería que nadie nos escuchara—. ¡Debe costar una fortuna, Holden! ¿Acaso no escuchaste? —Escuché a la perfección... y yo tengo varias fortunas. Siguiente problema. Justo en ese momento se escucharon pasos y Amira apareció, llamando la atención de todos. Su vestido era hermoso, no había duda alguna. Era un diseño sureño, ceñido hasta las caderas y luego abierto en una cola preciosa. Muy sexy y muy ella. Caminó hacia el espejo triple moviendo sus caderas de un lado a otro, demostrándome una vez más el por qué ella era la atractiva y yo no. Y no se lo discutía, el aura de mi hermana era increíble. A pesar de tener la misma cara. —¿Qué te parece, mamá? —preguntó, con la voz dulce con la que siempre engañaba a todos. —Te ves hermosa, hija —exclamó ella y yo asentí de acuerdo porque realmente estaba espectacular—. August se quedará sin palabras cuando te vea. —Holden, ¿tú qué opinas? —le preguntó de pronto Amira, lanzándole una mirada cargada de provocación. Lo sabía... ¡Ella está haciendo lo mismo que con August! Amira, realmente eres una perra. Holden la observó en silencio por un largo momento, con una expresión neutra. —Te ves muy bien, Amira. Es un vestido muy… ajustado —Luego volvió a girarse hacia la trabajadora, que acababa de colgar el teléfono—. ¿Y? ¿Logró comunicarse? —La señora Desvallons dice que la señorita puede probarse el vestido si así lo desea. No es lo usual si no está presente la diseñadora, pero tratándose de un Somerset, ella hará la excepción. Ay, no. —Perfecto —aplaudió Holden y luego me miró—. Vamos, Adara... Quiero verte con él puesto. —No, Holden. En serio, no es necesario… —Adara —esta vez su voz sonó mucho más firme, por lo que tuve que cerrar la boca—. Ve a probártelo, por favor. Joder. No fue una súplica. Fue una orden disfrazada de gentileza. Y lo peor es que una parte de mí, la que había soñado con ser una princesa en el hielo, quería obedecer de inmediato. Al final, solté un largo suspiro y asentí resignada. Fui llevada a un probador mucho más grande. Dos asistentes me ayudaron a vestirme con una delicadeza que me hizo sentir como una de esas herederas consentidas y, cuando finalmente me miré en el espejo, me quedé sin aliento. Dios... ¡Esto es irreal! No estaba simplemente usando un vestido; yo era parte de él. La tela caía en absoluta perfección, los cristales brillaban con cada movimiento, y el velo rodeaba todo como un halo místico. Me veía diferente. No solo estaba arreglada, sino… transformada. Casarme así sería un absoluto sueño. —Parece una princesa, señorita. Las dos chicas me guiaron hacia la sala principal y, cuando aparecí, la conversación murió de inmediato. Mamá se llevó una mano a la boca y Amira se me quedó mirando, su rostro pasando de la admiración involuntaria a una rabia pura y profunda. Holden… Bueno, Holden simplemente se quedó quieto. Su sonrisa despreocupada desapareció y sus ojos verdes me recorrieron, lentamente, desde el peinado improvisado que me habían hecho hasta la punta del velo que se arrastraba con elegancia en el suelo. Su expresión era imperturbable, pero sus ojos siempre intensos. —Dios mío, Adara —murmuró mamá y yo despegué la mirada de él—. Pareces… un ángel, cariño. Vaya, un cumplido de mamá... Mi primer cumplido en 27 años. Qué triste. Después de un rato, Holden finalmente se movió y se acercó, deteniéndose justo frente a mí. Su mirada fue tan directa que sentí que me estaba desnudando lentamente. ¡¿Pero qué mierdas piensas, Godoy?! —Increíble —habló, su voz mucho más grave de lo normal—. Eres… absolutamente hermosa, Dara —Alargó una mano y tocó con cuidado el bordado de una de las mangas—. Me siento el hombre más afortunado del mundo de que vayas a ser mi esposa. Oh, Holden... No uses mi apodo para seguir con nuestra mentira. No me gusta. Pude escuchar cómo las trabajadoras susurraron entre sí, sonriendo emocionadas. —¿Te gusta? —preguntó él, sus ojos buscando los míos—. Dime la verdad. —Sí —confesé apenada. No me gustaba que gastara tanto en una farsa—. Me encanta, pero Holden, esto es… —Shhh, ya basta. Nada es demasiado para ti —Su sonrisa volvió y esta vez algo se removió en mi interior. Esta sonrisa la conocía a la perfección, era su sonrisa sincera. Esa que lo hacía ver como un niño pequeño—. Si lo quieres, es tuyo, solo dilo... Amaría que te casaras conmigo usando este vestido. Oh. Todavía guardando silencio, le di la espalda y me miré en el espejo. Miré a Amira en el reflejo, que estaba al borde de la combustión espontánea y luego miré a Holden, quien me ofrecía un mundo de posibilidades en una bandeja de plata, sin condiciones. Al menos durante el año que estuviéramos casados. —Lo quiero —respondí, completamente decidida y sonriendo por primera vez. —Entonces ya es tuyo —me guiñó un ojo, cómplice, y luego se giró hacia Amira, cuya expresión era un poema de completo odio—. Amira, si a ti también te gusta, considéralo un regalo de boda de tu futuro cuñado y tu hermana. ¿Qué dices? Oh, buena jugada. Esa fue la gota que derramó el vaso. Amira le lanzó una mirada que podría haber fundido hasta el mismísimo acero, se dio media vuelta y entró de nuevo al probador, cerrando de un portazo que hizo que las trabajadoras fruncieran el ceño y, por supuesto, nuestra madre la siguió, murmurando cosas sobre que no sabía qué estaba pasando últimamente con la actitud de mi hermana. Yo sí sé, mamá. Ya no tiene el control de mi vida, eso es todo. Salí de mis pensamientos cuando escuché a Holden reírse por la escena que acababa de pasar. Él estaba bastante satisfecho. —Realmente eres malvado —le dije, pero no pude evitar sonreír. —No pude evitarlo. Es demasiado divertido sacarla de quicio —Y entonces sacó su teléfono y lo puso frente a mí—. Ahora, sonríe. Tomemos una foto para el abuelo. Así verá que estamos haciendo cosas importantes de prometidos y que probablemente llegaremos tarde al almuerzo gracias a eso. Divertida, me acerqué a él y me incliné para que nuestros rostros estuvieran muy juntos. Él levantó el teléfono y nos tomó varias fotos, asegurándose de que se viera el vestido. —Di queso o, mejor, la venganza es dulce. Solté una carcajada y me pegué mucho más a él. —Las dos son buenas frases, Somerset —respondí y saqué la sonrisa más genuina y despreocupada que había tenido en años. Aquellas fotos capturaron el momento en el que, por primera vez, yo era la princesa y Amira, la sombra. Todo gracias a Holden.






