Mundo ficciónIniciar sesiónEl viaje en la SUV fue tan tenso que el aire acondicionado casi ni se sentía. Holden, en el asiento delantero, parecía estar absorto en su teléfono. Sin decir ni una sola palabra, pero yo conocía esa expresión:
Estaba incómodo. Lo que no sabía era si conmigo o con la situación como tal. Andrea conducía en silencio, pero siempre manteniendo esa sonrisa divertida en sus labios. Ella sí que estaba disfrutando toda la situación. Mientras tanto, yo me mantuve hundida en el asiento trasero, con mamá al lado, feliz de viajar por primera vez en un auto costoso. Amira miraba por la ventana con el ceño fruncido, como si la ciudad entera le debiera dinero. Mi madre, cuando se cansó del silencio, intentó dar un tímido comentario sobre el clima, pero las palabras murieron en el aire. Todos estábamos absortos en nuestras mentes... Y yo me aferraba al borde del asiento, con los dedos apretando con fuerza para que no me temblaran. Sin embargo, cada vez que cerraba los ojos, volvía a sentir la cálida presión de los labios de Holden sobre los míos y el calor de sus manos ásperas en mi espalda. Mi corazón, ese maldito traidor, seguía dando saltos desiguales que nada tenían que ver con mi enfermedad y todo con el recuerdo que se negaba a abandonar mi mente. ¡Dios, Adara, olvídalo ya! Quince minutos después, por fin nos detuvimos en una elegante boutique cuyo nombre solo aparecía grabado en una discreta placa. Atelier de la Cour. Apenas nos detuvimos, Amira se bajó de un salto, siendo seguida por mamá. Ya me estoy arrepintiendo de haber querido venir... Pero tampoco quería estar a solas con Holden ahora mismo. Era demasiado incómodo. —Bueno, aquí nos quedamos —la voz de Amira me sacó de mis pensamientos. Ella realmente quería que nos fuéramos—. Gracias por el paseo y disfruten su… almuerzo familiar. —Espera... —por primera vez desde que entramos en la camioneta, Holden abrió la boca y habló. Luego abrió la puerta y se bajó con la elegancia de un gato grande. Abrió mi lado de la puerta, y extendió la mano hacia mí—. Creo que deberíamos echar un vistazo también, cariño. Quizás tu mamá tiene razón y tal vez encontremos algo que te guste para nuestra boda. Podría ser uno de los… ¿cuántos cambios de vestido dijiste que querías? ¿Cuatro? ¿Cinco? Ay, Holden. Ahora mismo no estoy de ánimos para fingir nada. Amira se removió incómoda al escuchar aquello y con justa razón. Cinco cambios de vestido para una boda, eran un lujo obsceno incluso para su estándar. August jamás le daría eso. —Yo… Aún no lo he decidido —fue lo único que logré decir, finalmente tomando su mano y bajando de la protección que me brindaba la camioneta. De inmediato sentí cómo su contacto me quemó y mi mente volvió a perderse en el valle de los recuerdos prohibidos. —Que se diviertan —nos sonrió Andrea desde el volante, viendo cómo mi mamá y mi hermana caminaban hacia la entrada—. Yo iré por un café... Y por terapia. ¿Cómo la soportas todo el día, Adara? Ni te cuento. De pronto, un teléfono sonó y Holden se alejó unos pasos para poder responder. Amira y mi madre finalmente entraron, sin mirar atrás y yo me quedé en el mismo lugar, tratando de recuperar el control de mi mente y mi respiración. Estaba a punto de volverme loca. —Vaya... Luces asustada. ¿Viste un fantasma, Adara? —me preguntó la guardaespaldas de mi mejor amigo, asomándose por la ventanilla—. O ya te arrepentiste de seguirle el juego a mi jefecito. ¿Qué hizo? Porque es obvio que es su culpa. Eso ya ni lo sé. —Nada, Andrea, de verdad. Solo no dormí bien anoche terminando un proyecto del trabajo —decidí mentir, evitando su mirada y fingiendo que no me importaba ninguna de sus palabras. —Mientes muy mal, pero está bien. Imagino que no es fácil. Solo recuerda; él es un idiota, pero mientras jueguen juntos, será tu idiota. Y lo que sea que haya pasado entre ustedes… bueno o malo, disfrútalo. La vida es corta, Adara. Hablo en serio. M****a... ¿Por qué siempre me habla como si ya hubiera visto todo lo que había pasado? ¿Acaso somos tan obvios? —¿Hablando pestes de mí otra vez, Andrea? —De pronto, Holden apareció a mi lado, guardando su teléfono—. Si sigues así, comenzaré a cobrarte todas tus fallas en el trabajo. —Ya me lo cobras con tu existencia diaria, jefecito —replicó ella guiñándole un ojo, encendió la SUV y arrancó con suavidad—. ¡Diviértanse, chicos malos! Y cuando la vimos desaparecer de nuestra vista, Holden tomó mi mano de nuevo, su pulgar acariciando mi nudillo con una delicadeza que me hizo estremecer. ¿Pero qué m****a me pasa? ¡Es Holden, Godoy! —Holden… —Vamos, Godoy —me interrumpió, apretando nuestro agarre y luego empujándome con él hacia la tienda—. Tenemos que arruinar esta prueba rápido. Aún tenemos una batalla más costosa que pelear en casa de mi familia. —¿Más costosa que esta? —le pregunté, dejándome guiar hacia la puerta. —Las comidas con el abuelo siempre lo son. ¿Crees que los vestidos son caros? Pues no has visto la factura de su chef personal —Me guiñó un ojo cuando yo abrí la boca, siempre sorprendida de las excentricidades de la familia Somerset—. Pero primero, démosle a tu hermana algo de qué hablar por varias horas. Tenías razón, es divertido verla convulsionar de la rabia. Ya estando dentro del exclusivo atelier, me permití relajarme en este mundo lleno de seda y encaje. Amira ya había desaparecido hacia los probadores, mientras que mamá hojeaba una revista, esperando a mi hermana. Todo parecía en calma. Y después de lo de hoy, esperaba que lo estuviera el resto del día. —Mira a tu alrededor, Adara —me pidió Holden, soltándome la mano—. A ver si algo te llama la atención. No puedo prometerte que encontrarás un vestido extra exclusivo, pero… quién sabe. Respiré profundo y asentí, para después comenzar a caminar entre los maniquíes, tocando telas y deleitándome con los diferentes modelos. Fue una práctica que me relajó, de hecho. Y entonces lo vi y me detuve de golpe. Estaba colgado en una vitrina iluminada como si fuera una reliquia. Oh. Se me cortó la respiración al verlo. No era simplemente un vestido como los demás; era como una especie de fantasía, mostrada en un tono marfil cálido, bañado por la luz de la luna. El corpiño era un corsé, con escote corazón y tenía una banda de hombros caídos de pedrería pura, que se elevaban en una finísima malla hasta el cuello, creando la ilusión de tener un collar de cristales. Sus mangas largas y etéreas estaban salpicadas con destellos y que daban paso a una falda majestuosa. Era una explosión de tul con un brillo escarchado que me recordó al polvo de estrellas, simplemente perfecto. Pero lo que más me encantaba eran los hombros que caían como velos sutiles que prometían fundirse con el verdadero velo tan largo y ligero como una nube. Era una obra de arte en todo su esplendor, una coraza de delicadeza y poder. Jamás había visto algo así y me encantaría alguna vez casarme usando algo así. Mi corazón comenzó a revolotear con ilusión, pero rápidamente lo deseché. Tu boda es una farsa, Adara... No te casarás con algo así jamás.






