¡Dios, qué bueno es dormir cuando por fin le gané una batalla a mi hermana gemela!
Me desperté a las 9 de la mañana y de inmediato bajé a la cocina, siempre con mi vieja sudadera universitaria, el pelo recogido en un moño desastroso y lo restos del maquillaje que no me había quitado bien anoche.
Amira, en cambio, estaba impecable con su pijama de dos piezas y su cabello recogido en una coleta, desayunando tostadas como si fuera la reina del mundo entero.
Día 1 post noche de compromiso, comenzam