Mundo ficciónIniciar sesión¡Dios, qué bueno es dormir cuando por fin le gané una batalla a mi hermana gemela!
Me desperté a las 9 de la mañana y de inmediato bajé a la cocina, siempre con mi vieja sudadera universitaria, el pelo recogido en un moño desastroso y lo restos del maquillaje que no me había quitado bien anoche. Amira, en cambio, estaba impecable con su pijama de dos piezas y su cabello recogido en una coleta, desayunando tostadas como si fuera la reina del mundo entero. Día 1 post noche de compromiso, comenzamos. —Dios, Adara —soltó, al verme caminar sin muchas ganas hacia el refrigerador, arrugando la nariz como si oliera mal—. ¿Es que ni siquiera puedes vestirte como una persona normal para el desayuno? Pareces un espantapájaros mojado. ¿Qué diablos quiere? ¿Qué bajara en vestido y tacones? Estúpida, Amira. —Buenos días para ti también, querida hermana. Siempre tan dulce conmigo —sonreí con falsedad, mientras sacaba la leche y buscaba el cereal. Estaba hambrienta. Aproveché el momento de paz y me serví un buen tazón con cereales y leche, cuando escuché el timbre sonando, pero no le presté atención, me senté y le di un buen bocado a mi desayuno. Mmm, pero qué bueno está. Mamá esperó un par de segundos, viendo si alguien iría a abrir, pero al no ver respuesta, soltó un suspiro y caminó hacia la puerta. Dios, debería comprar esta marca de cereal más seguido. Esto está demasiado bueno. Quizás con un poco de… —¡Holden! ¡Qué sorpresa verte aquí tan temprano! Escupí parte de lo que me había llevado a la boca y comencé a toser, salpicando a mi hermana con restos de leche y cereal. —¡Joder, Adara! —ella se apartó y comenzó a limpiarse, completamente furiosa—. ¡Qué desagradable eres! Sin embargo, yo decidí ignorarla. ¿Holden? ¿Aquí? ¿Por qué diablos está aquí? ¡Y yo parezco una lunática! Y entonces, apareció en el marco de la puerta de la cocina como si fuera una especie de aparición divina. Traía ropa informal, como casi siempre, pero que claramente costaba más que el auto de mis padres, su cabello ondulado estaba perfectamente desordenado, y finalizaba con una sonrisa, de esas que iluminaban habitaciones enteras. Esa era su esencia. —Buenos días a todos —nos saludó, con la voz un poco ronca, que hizo que hasta mi madre se sonrojara. Era inevitable. Holden estaba buenísimo—. Espero no interrumpir su desayuno. —¡No, para nada! —exclamó mamá—. ¿Quieres café? ¿Jugo? —Lo que quiero... —dijo, y sus perfectos ojos verdes se clavaron en mí con una intensidad que me paralizó. Sí, incluso a mí me afectaban de vez en cuando— es darle los buenos días a mi futura esposa. ¿Ah? Holden cruzó la cocina en tres zancadas, mientras Amira dejó de limpiarse los restos de mi comida y se quedó viendo la escena con la boca abierta. Yo solo pude parpadear sin poder detenerme. Estaba petrificada, pero el castaño no me dio tiempo a tener alguna reacción. Sin ningún tipo de aviso, acortó la distancia entre los dos, colocó su mano en mi nuca, me inclinó hacia él y me besó. ¡Me besó! ¡HOLDEN ME ESTÁ BESANDO! Y no fue un pico casto y simplón como esperaba, no. Fue un verdadero beso de película romántica, firme, dulce y lo suficientemente largo como para que no hubiera duda de su intención, ni de sus sentimientos. Mi mundo se detuvo de golpe. El sabor de la leche y el cereal desapareció de inmediato y solo pude concentrarme en el dulce sabor de sus labios y su lengua traviesa, que varias veces aprovechó para explorar a su antojo. Oh, vaya... El chico sí que sabe besar. Quizás sí... ¡¿Pero qué m****a estamos haciendo?! ¡Mis padres están aquí! Y cuando por fin se separó, mi cerebro quedó reducido a un simple puré... Uno lleno de especias que tenían mi boca hecha agua. Los labios me quedaron ardiendo y estaba segura de que lo estaba mirando con los ojos bizcos. Qué vergüenza. —Buenos días, preciosa —susurró, rozando mi nariz con la suya y yo seguí sin saber qué hacer—. Te ves absolutamente hermosa con ese look de "recién salida de la cama". Me encanta, Adara... Imagina lo mucho que disfrutaré verlo todos los días después de la boda. Pude escuchar cómo papá tosió, completamente incómodo con la escena, cosa que hizo que mi mejor amigo sonriera, satisfecho con las reacciones. —Yo… tú… ¿qué haces aquí? —fue lo único que logré balbucear, completamente fuera de lugar. Mi corazón golpeaba mi pecho de una forma que, por primera vez en la vida, no me importaba si se volvía peligroso en cuestión de segundos. Mi cerebro estaba más preocupado en volver a sentir lo bien que besaba Holden Somerset. ¡¿Pero qué estoy diciendo?! ¡Estás loca, Godoy! ¡LOCA! —Tenía que venir personalmente a darte el beso de los buenos días —respondió con su orgullo a todo lo que daba y con una sonrisa de lobo satisfecho con su presa. Luego se giró hacia el frente, donde Amira seguía observándonos con la boca abierta y con medio brazo lleno de migas húmedas de cereal—. Buenos días, Amira... Creo que no te duchaste bien en la mañana. Tienes... Desechos en tu brazo. Oh. Holden podía ser muy malo cuando se lo proponía. Ella cerró la boca con un chasquido y me miró con más odio de lo habitual. Realmente era difícil ocultar la risa que amenazaba con salir de mi boca, pero me contuve. —Holden... ¿No crees que es muy temprano para esto? —ella le sonrió con acidez—. Ah, y sobre mi brazo. Lamentablemente para ti, fue la asquerosa de tu prometida, que no puede comer sin parecer una indigente muerta de hambre. Pero… Intenté moverme hacia ella, pero Holden me detuvo. —¿Oh, fue eso? Ahora comprendo por qué el beso se sintió más dulce de lo normal... Aunque viniendo de Adara, es realmente lindo. ¿No crees? —él se rió, poniendo su hombro en mi brazo—. En realidad, cualquier cosa que haga ella me parece lindo y estoy tan emocionado por casarme con esta mujer que no puedo contenerme. —Me miró, fingiendo un amor tan profundo que por un segundo me sentí extraña—. Ah, también he venido por otra cosa... Tenemos un día bastante ocupado, Adara. Fruncí el ceño sin entender nada. —¿Ocupado? —le pregunté, por fin recuperando mi voz. —Así es, amor... Primero, mi abuelo quiere que almorcemos todos los Somerset en familia, pero antes, quiero mostrarte algo. —¿Mostrarme qué? —Mi residencia, tontita. ¿No recuerdas que te lo dije? Necesito que le des el visto bueno y así poder preparar todo para que te mudes después de la boda... A menos que lo odies —añadió, con un falso dramatismo que hizo que mis padres se acercaran a nosotros—. En ese caso, buscaremos otro lugar y lo compraremos. Lo que tú quieras, lo tendrás... Solo dímelo y llamaré a la agencia de bienes raíces. Ahora sí Holden se volvió loco.






