CAPÍTULO 122. Ecos del alma.

Capítulo 122

Ecos del alma.

La celda era fría, húmeda, impregnada de olor a metal oxidado. Alessia se abrazaba las rodillas en un rincón, temblando, los ojos enrojecidos y la piel cubierta de manchas oscuras de polvo. El silencio se quebraba solo por el gotear constante de una tubería rota y los pasos de algún agente al otro lado del pasillo.

Iván, en la celda contigua, caminaba de un lado al otro como un león enjaulado. Sus nudillos sangraban ligeramente de tanto golpear las rejas. Cada minuto
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