Era lo lógico, lo obvio, que Albert se sintiera avergonzado o por lo menos dudoso por su aspecto, esa fue la idea que se hizo Megan y lo comprendía bien.
Ese era uno de los beneficios conseguidos con su disfraz, todos los hombres se acercaban a ella por ser hermosa, por nada más, y ahora que ella tenía este aspecto, desarreglado, desaliñado, feo, ningún hombre se le había vuelto a acercar.
Pero allí estaba Albert, besándola como nunca había sido besada y confesando que ella le gustaba, pero…