Emma despertó cuando alguien comenzó a aporrear su puerta con toda la intención de echarla abajo. Lucian saltó de la cama dispuesto a matar a quien estuviera afuera, pero ella lo detuvo colocando una mano sobre su pecho y hablando suavemente. —Deben ser mis amigos. —Somnolienta, se frotó los ojos con la mano libre. —Iré a hablar con ellos, ¿de acuerdo?
—No permitiré que te lastimen de nuevo. —Su voz era tan serena que le provoco escalofríos porque sabía que hablaba muy en serio.
—No lo harán, —