Francesco Tommaso dejó la copa vacía sobre la barra del bar y le dirigió una última mirada al cuadro que se encontraba colgado en la pared, por encima del sillón ingles que había conservado por puro sentimentalismo. Los ojos verdes le devolvieron la mirada y como siempre le sucedía al ojear aquella fotografía, se le formó un nudo en la garganta.
—¿Dónde estás mi buen amigo? —Le preguntó a la soledad que lo rodeaba.
Tantos años buscando, conservando la esperanza de encontrarlo. ¿Para qué?, para