62. UNA ESPÍA EN EL ARMARIO
LAVINIA
Salí de mi habitación caminando un poco incómoda.
El vestido que llevaba iba bien ajustado a mi silueta, y debajo, un conjunto de ligas con encajes rodeando los muslos.
Mi intimidad, apenas tapada por una pieza demasiado descarada, que se me iba encajando entre los pétalos mientras daba los pasos.
Mi clítoris era constantemente estimulado por el roce y sentía que comenzaba a mojarme.
¿Quién diantres mandó a ponerse algo tan pervertido?
A mi mente llegaron los recuerdos de lo que viví en