355. SEDUCIENDO A LA ESPOSA
ELLIOT
—¡Oye, espera, zorra! ¡Yo lo había visto primero!
Los gritos quedaron atrás, junto al furor de las peleas y los violines animando las trifulcas.
Corría por entre las sombras de las carpas y los pequeños negocios, sucio, lleno de fango, pero por alguna razón, al mirar la cabellera castaña ondeando frente a mí, aspirar la deliciosa lavanda, una sonrisa apareció en mis labios.
Estaba feliz.
*****
KATHERINE
Me encontraba parada en el pasillo, vigilando.
Nos habíamos metido dentro de unas ca