300. ¿TAMBIÉN ERES MI MATE?

MAGNUS

No sabía qué le sucedía a mi lobo; él no se comportaba así.

Pero cuando esos ojos grises volvieron a atravesarme con molestia, no pude apartar la mirada de ellos.

—Claramente, no soy de los rebeldes, yo soy… —antes de presentarse, volvió a tensarse.

Esta vez yo también activé mis instintos y me dejé de estupideces.

Algo se movía en el agua, que comenzó a burbujear; lo peor de todo es que el siseo y el sonido de arrastre nos perseguía y se iba acercando.

Creo que ganamos tiempo cuando se detuvo a comerse al hombre bestia herido, pero ahora ya nos daba caza.

— ¡No nos queda más opción! ¡Vayamos por ahí, aléjate del borde de la ciénaga!

Ella gritó justo a tiempo para que el agua turbia se sacudiera y saliera una especie de caimán ultra grande.

¿Qué mierda le daban de comer a los animales aquí?

La volví a seguir, ahora huyendo de dos depredadores, pero no llegamos lejos.

Entendí por qué se resistía a tomar este camino: era una trampa mortal.

Sin mucho aviso, el suelo cedió bajo nue
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