16. NO ME RENDIRÉ
LYRA
Me sentí como un trozo de carne ahí parada, en medio de esa plaza rústica, con todos esos ojos lascivos mirándome de arriba abajo.
Eran mis “pretendientes” y la verdad es que no imaginé que fuesen tantos.
—¡Quien case a la bestia más poderosa puede reclamar a esta hembra!
Con ese rugido, el Alfa le dio inicio a esta locura.
Mi mirada vagaba por todos lados, buscándolo.
No estaba en la cueva y tampoco apareció en la plaza.
Vi a los hombres marcharse, con el corazón apretado en