NARRADORA
La tierra se teñía de rojo y el bosque comenzaba a emanar calor puro. Los guerreros de la pequeña manada luchaban con sus vidas para darle tiempo a las mujeres y niños de huir.
—Kara, hija, yo debo regresar a ayudar a tu padre…
—No, mamá, no me dejes, no sabré qué hacer sin ti.
—Escúchame, hija— la Luna miraba hacia atrás, viendo como el peligro se acercaba. Sus manos temblaban; sabía que este sería su fin.
—Ve a las tierras del Rey, la Reina es una guardiana, ella te ayudar