Aria…
Me quedé mirando el pergamino hasta que la tinta negra pareció difuminarse y retorcerse, como si se burlara de mí.
Mi pulso retumbaba en mis oídos, ahogando el murmullo de los pasos y los suaves murmullos de la multitud que nos observaba desde la galería arriba y abajo;
todos miraban emocionados mientras mi pecho estaba hecho un nudo.
Las palabras eran lo suficientemente simples, y aun así me arañaban por dentro.
“Me extraen de una mina, encerrado en un estuche de madera, nunca me liber