La carta persiguió a Abital.
Incluso tres días después.
El ojo carmesí.
La extraña advertencia.
La sensación de ser vigilada.
Por mucho que intentara concentrarse en sus deberes, el recuerdo permanecía en el fondo de su mente.
Algo se acercaba.
Podía sentirlo.
El mismo instinto que la había ayudado a sobrevivir a cada prueba se negaba a dejar pasar el asunto.
Por desgracia, no podía hacer nada contra un enemigo al que no podía identificar.
Así que trabajó.
Asistió a las reuniones del consejo.
R