Los reporteros estaban en la entrada de la mansión DeLuca desde las siete de la mañana.
Elena los vio desde la ventana de su despacho mientras tomaba su primer café, traían tres cámaras, dos periodistas con micrófono y uno más grabando desde el auto.
Alguien del hotel había filtrado la historia, o quizás alguien del propio círculo de los DeLuca, en ese mundo las noticias malas viajaban rápido cuando convenía.
Adrián llegó a las ocho y cuarto.
Y llegó con Erika.
Elena no supo si eso era es