El aire en la habitación era cálido, pero en los pechos de Elena y Nathan ya ardía un fuego mucho mayor. Ambos seguían recostados, con la respiración aún sin volver del todo a la normalidad.
Nathan acarició la mejilla de Elena dengan el dorso de su dedo, con una pequeña sonrisa instalada en la comisura de sus labios.
—Elena... Gracias —susurró, como si todavía fuera incapaz de creer que la mujer frente a él fuera realmente suya esa noche.
Elena cerró los ojos por un momento, saboreando la caric