"¿No puedes callarte, muchacha salvaje?! Después te puedes caer!"
"Por eso bájame!"
"Nunca lo haré. No te soltaré. No esperes escaparme, ¿eh?!"
"¡Eres un loco! Bájame rápido! Bájame."
Raymond no le hizo caso, aunque Pramita le pegaba, le pellizcaba y le arañaba la cara. El hombre siguió caminando hacia el coche, cargando a Pramita en sus brazos.
No le importó haber llegado a ser el centro de atención.
Porque ya habían hecho un alboroto en la clínica. Mientras tanto, la gente del lugar se reía a