Rosalie soltó el aire que sujetaba al abrir la puerta para François.
— Gracias a Dios! no sé qué hacer, y estaba sangrando.
François la miró, entonces entró apresurado.
Rosalie lo llevó hasta el cuarto, y cuando pararon frente a la puerta ella llamó un par de veces, y llamó a su hijo.
Cuando no obtuvo respuesta y estaba a punto de llamar nuevamente, él la silenció con una mano en su hombro y su mirada.
— Espera en tu cuarto. — dijo.
Ella sacudió la cabeza, discordando, pero el hombre la cogió po