— No contesta! no contesta!
Gritó Angelika y golpeó el teléfono.
Ella miró a su hermano, sentado en su cama.
Parecía perdido, su expresión era incrédula, y se frotaba las manos entre sí.
Era su manera de demostrar que estaba preocupado.
— Tal vez ella está en algún hotel divirtiéndose... — sugirió, pero no miró para su hermana.
Ella lo miró, sabiendo que ni él creía en lo que decía.
Angelika fue al teléfono otra vez, y llamó al teléfono de su madre, y nuevamente no obtuvo respuesta.
Ella se vol