Duncan caminó de un lado a otro en la oficina de Lecomte.
Aunque no había más rastros de sangre en su cuerpo, la sangre de aquellos hombres aún lo marcaba.
Y siempre marcaría, sin embargo, no conseguía arrepentirse de lo que hizo.
Encendió la TV para ver las últimas noticias, y como se imaginó, no había ninguna.
Pero no era sobre su asesinato que lo estaba haciendo caminar de un lado a otro, sino el pedido que había hecho a uno de sus empleados.
El camarero llama a la puerta, y Duncan le dice q