La noche cayó pronto. Alexander se fue a la cama, pero el sueño no llegaba. Se imaginaba a Lauren a su lado, sonriendo y compartiendo sus sueños, pero lamentablemente ella no estaba. Pensó en llamarla, en escuchar su voz, pero sabía que ella había sido clara en no darle ninguna oportunidad. Se sentó al borde de la cama, sosteniendo su cabeza entre las manos, hastiado y lleno de frustración.
En un intento de distraerse, buscó en el cajón de su mesita de noche y sacó la carta que su hijito Lucas