Después de la comida, Bianca se retiró a su habitación y se quedó mirando el brazalete que Elijah le había regalado. Cada vez que lo veía, sentía que su corazón latía más rápido. En ese momento, su madre entró y se sentó al borde de la cama.
—¿Tienes algún problema? —inquirió su madre, observándola con curiosidad.
Bianca, sintiéndose acorralada, negó todo.
—No, mamá, no entiendo por qué lo dices—soltó, tratando de sonar convincente.
La madre, sin embargo, no se conformó con esa respuesta y le