—Quédate quieta. No hagas ruido.
La voz de Ethan sonó baja, pero firme.
Mantuvo el cuerpo de Celine debajo de la mesa del laboratorio. Una de sus manos protegía instintivamente la cabeza de la mujer, mientras sus ojos permanecían fijos en la puerta, apenas visible en la oscuridad.
Celine podía sentir la respiración de Ethan tan cerca. Su corazón latía cada vez con más fuerza. Sin embargo, sabía que ese no era el momento para pensar en otra cosa. Se obligó a mantener la calma.
El sonido de unos