33. Sol.
Rhett cierra la puerta a nuestras espaldas, me siento en la cama, el príncipe me mira, le sonrío, meto la mano en mi pecho y saco el frasco, se lo extiendo.
—¿Era eso lo que querías darme?
—Sí, ¿qué más sería? —escondo la sonrisa mordiéndome el labio.
Me quita el frasco y se sienta a mi lado.
—¿Confías en mí?
—Sabes que si.
—¿Qué tanto?
—Mucho y ni siquiera se porque.
Sonríe.
—¿Recuerdas lo que me leíste sobre el mitridatismo?
—Sí.
—Eso es lo que estaremos hacie